subscribe: Posts | Comments

La política del terror

0 comments
La política del terror

Enciendo el televisor, y las noticias muestran lo de siempre. Un grupo de encapuchados haciendo destrozos en la vía pública, un bus del Transantiago incendiado, saqueos a varios locales de la capital, la lucha campal entre carabineros y encapuchados, etc. etc.  Quiero saber como estuvo la marcha, ¿cuánta gente se reunió en Plaza Italia? ¿qué decían aquellos jóvenes que marchaban por la Alameda? Me entero por Twitter que fueron 100 mil personas sólo en Santiago, me entero por Twitter también que fueron niños, ancianos, padres; que habían familiar completas. Veo una foto, ¡que increible! la inmensa masa humana se pierde en el infinito cordón de la Alameda.

Espero en televisión que muestren algo. Lo mismo de siempre: la intendenta de Santiago, el vocero de gobierno y el ministro del interior indignados por el resultado de la movilización. Hablan de la responsabilidad de los estudiantes, de la incapacidad de manejo de los dirigentes, de los destrozos ocasionados. Escuchos adjetivos fuertes como “actor criminales”, “actos terroristas” entre otros. Quiero ver que están dando en otros noticieros ¿cadena nacional? …veo la misma intendenta, el vocero y el ministro hablando de lo mismo.

Esta es la generación “sin miedo”. Aquella que se atreve a salir a la calle a protestar por lo que estiman es injusto, y debo decir que existen muchas cosas por las que uno podría animarse a salir a la calle a manifestar el descontento.

Pero así como existe una generación que se atreve a salir a la calle a protestar, también existe muchos que no tienen miedo y pudor en mostrar su naturaleza momia y fascista.

Ya no estamos al frente de una sociedad temerosa. Aquella sociedad que años atrás se escondía de sus propios pensamientos, asustada por un gobierno dictatorial que los reprimía. Yo soy de esa generación. Por eso admiro a estos jóvenes, porque ellos no vivieron aquella época tenebrosa de nuestro país. Ellos son libres de miedos. Tienen conciencia real de lo que sucede, y se atreven.  Recuerdo cuando miraba con cierto grado de admiración lo que sucedía en Argentina, cuando hasta porque les subían el precio del pan, salían miles de personas a reclamar a la calle. Yo me preguntaba, ¿por qué en Chile no sucede lo mismo?

¿Existe algo más legítimo en materia de derechos, que el acto puntual de reclamar por lo que nos parece injusto? La verdad es natural, es la espinilla que revienta en alguna parte de nuestra sociedad porque ésta ya no puede más. ¿Es justo, cierto? Al respondernos esta pregunta, es natural preguntarse qué es lo injusto o incorrecto en el caso. ¿Los encapuchados?, ¿los delincuentes? Por cierto que lo son. Pero falta algo ¿no? Porque si sabemos que en una sociedad enrabiada y descontenta siempre existen puntos de desbordes… ¿qué se está haciendo mal?

Un gobierno que no tiene la capacidad y/o la voluntad de resolver un problema social, que trata de desviar la atención de la nación hacia otro punto, que se encarga de demonizar este tipo de manifestaciones que son absolutamente legítimas, que trata de infundir miedo a la sociedad para generar anticuerpos hacia las movilizaciones. Una sociedad que está lleno de momios y fascistas que manipulan los medios, y así hacernos ver lo que ellos quieren que veamos. Esto es lo que en todo el mundo se conoce como “La política del terror”.

Estamos en una sociedad políticamente dividida, de “comunistas” y “momios”. Donde gran parte de esta sociedad momia se encarga de promover esta política del terror, y no porque sean cómplices de un gobierno, si no porque creen ideológicamente en lo que el gobierno les transmite.

Así que no me vengan con la excusa de “encapuchados” y el “orden público”, porque los delincuentes y antisociales han existidos siempre, y seguirán existiendo. Sólo es cosa de recordar que siempre cuando la multitud sale a celebrar a Plaza Italia algún triunfo deportivo, siempre hay encapuchados que se aprovechan para hacer destrozos y saqueos.

Podría decir que soy un indignado, uno más de los millones que existen en este país. Ya no tengo miedo, me siento absolutamente libre, porque puedo salir con mi señora y mi hijo de seis años a tocar la cacerola en la calle. Me siento orgulloso de esta generación, de la generación de mi hijo, y de las que vendrán.

 

Leave a Reply